
Finlandia es un país que siempre ha estado entre dos fuegos, Suecia y Rusia, siendo sus territorios disputados por ambos bandos durante siglos. A pesar de haber pertenecido alternativamente a uno y otro (no consiguió su independencia hasta el 6 de diciembre de 1917, coincidiendo con la Revolución Bolchevique), la identidad de sus gentes siempre ha estado profundamente marcada. Ya desde los inicios, los pueblos que poblaron el territorio hoy conocido como Finlandia venían de Asia, mientras que los de los países colindantes eran de origen europeo. Por eso, aún siendo rubios de ojos azules, racialmente son diferentes, pequeñitos y con los ojos semi rasgados. La lengua también tiene un origen antiguo y aislado, sin parecerse a ninguna otra (un caso similar al vasco), mientras que el noruego, sueco, danés, etc. sí se parecen entre sí.
A mediados del siglo XIX Finlandia también "padeció" la exaltación romántica. Así, mientras la novela "Los Siete Hermanos" ("Seitsemän Veljestä") de Aleksis Kivi reivindicaba el carácter finlandés, el "Kalevala" hacía lo propio con su extraña y ancestral mitología. Elias Lönnrot se entretuvo recopilando infinitas versiones de los mitos y leyendas para dar forma a un poema épico bastante estructurado, especialmente teniendo en cuenta lo caóticas que eran sus fuentes.
En el "Kalevala" se nos cuenta la historia de Ilmatar, o Luonnotar, la diosa primordial que erró durante siglos sintiendo el viento en el pelo. Cuando la soledad empezó a hacer mella en la dea, ésta pasó a ansiar desesperadamente un hijo. El viento del Este sería quién le concedería ese deseo, poniéndose manos a la obra con tantas ganas que la pobre Luonnotar no pudo volver a andar durante bastante tiempo (no es broma, lo dice el original, vivan los freaklandeses salidos XD). Por si la mujer no estaba lo bastante apañada, llegó un águila que depositó unos huevos en el hueco de sus rodillas, huevos que tuvo que incubar. Cuando finalmente los dejó caer, se rompieron, y de los diversos trozos se originó el mundo.
El hijo del Viento, Väinämöinen, resultó ser un sabio. Como suele pasar con los sabios, se moría de ganas de encontrar esposa y no se comía una rosca. Finalmente, contactó con la vecina tierra de Pohjola para ver si ahí le proporcionaban una pareja. Tras un buen puñado de líos, Väinämöinen quedó prisionero de la hechicera Louhi, quien sólo estaba dispuesta a concederle la libertad a cambio de que le construyera un Sampo (un molino mágico que era una especie de cuerno de la abundancia). Nuestro sabio amigo se veía incapaz de llevar a cabo semejante trabajo manual, y llamó a Ilmarinen, el herrero virtuoso (¿a alguien le suena Aulë...?). El artesano aceptó encantado la oferta de casarse con la hermosa hija de Louhi, la doncella de Pohjola, como pago por la elaboración del objeto.
Continuará
(Foto: yo haciendo el tonto en los bosques de Carelia, o Karjala según la toponimia local. Carelia está considerada la zona más pintoresca de Finlandia, donde la mitología es más poderosa.)

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